sábado, 14 de febrero de 2009

Volar

Título: Volar

Autor: *Runa*.

Género: Humor. ¿Se les ocurriría otro género para mí?

Aclaraciones: Ya saben, los personajes son de mi autoría, cualquier intento de plagio será para que les saque los dedos de un mordisco.

Dedicado: Al Gatito dormilón, que hoy es su cumpleaños.



Sus tres queridas amigas la estaban arrastrando por las calles, con claras intenciones de ir al centro comercial, al cine, o a cualquier lado donde se pudiera ligar un chico. Era día de San Valentín, la fecha más...

— ¡Pero si este es el día más comercial, estúpido y superficial del jodido año! — La fecha más odiada por Andrea.

Era una tarde cálida. Allí siempre hacía calor por esas épocas, pero aquel día el sol brillaba con mucha más intensidad, incluso para la hora que era. Más o menos, según los cálculos de la "secuestrada", serían las seis y media.

Flor tiró más fuerte del brazo de la rubia, soltando una risilla.

—Vamos, Andreita linda, necesitas olvidarte de Fernando. Y, ¿qué mejor manera de hacerlo que pescando algún tipo guapo en el centro comerial? —Sí, la cosa había terminado muy mal entre Fernando y ella. Dejaron de ser amigos, así de simple. De golpe, además. Eso, obviamente, luego de que él se consiguiera una segunda enamorada y no fuera ella. Muy idiota el motivo, pero era mejor darle espacio a esa relación, o eso creía Andrea.

—Pero...

—Nada, señorita —la interrumpió Carla, evidentemente divertida. —Te vas a ligar un chico, así tengamos que cazártelo nosotras.

La jovencita de ojos grises frunció el ceño, estaba bastante enfadada. Sus amigas la habían obligado a ponerse una sus mejores ropas, que no eran la gran cosa. Una minifala de mezclillas, bastante simple, y una camiseta de manga corta de color negro, con el ying-yang dibujado en medio. La verdad, ella preferiría reservar ese atuendo para el día de su hermoso reencuentro con Fernando. Un minuto, ¿qué acababa de...? ¡Andrea, corta el rollo de una vez!

Un suspiro hastiado se escapó de sus labios. Sus amigas eran realmente pesadas.

— ¿De qué suspiras? —preguntó Raina, mirándola suspicazmente con sus ojos marrones y acusadores. La rubia no pudo evitar sonrojarse.

—Nada... sólo me acordé de algo. —Flor la abrazó muy fuerte, tratando de infundirle ánimos. No se supone que sea fácil olvidarse así como así de alguien. Y Andrea no era la excepción, por lo que ellas tres se habían propuesto, días atrás, a sacarla de paseo a todos los lugares posibles.



Ya en el centro comercial, Raina había sugerido ir a los videojuegos, en vista de que todo lo demás estaba abarrotado de parejitas acarameladas. En realidad, abarrotado era poco, y eso que el local era enorme. Se trataba de una gigantesca construcción al borde de un acantilado, y era un gran atractivo turístico, pues ofrecía un bellísimo panorama de la playa, y por consiguiente, del mar.

Ellas se dirigieron por uno de los pasadizos más amplios. Éste llevaba directamente al salón de videojuegos, quizá el único sitio en el que -por suerte- no habían parejitas.

Pasaron por delante de muchísimas tiendas, las cuales llamaban la atención de cualquiera. Se veían escaparates con maniquíes que vestían preciosas prendas, así como tiendas de dulces, de zapatos y de artículos digitales. A veces, el cuarteto de jovencitas se distraía mirando embelesado alguno de los estantes repletos de cosas.

Cuando llegaron a su destino, comprobaron aliviadas que allí no habría tanta gente. Era un sitio grande, con las paredes pintadas de azul oscuro e iluminado por los miles de coloridos focos de los juegos. Algunas de las luces cegaban un poco, pero en su mayoría eran de color verde, naranja o rojizo. Algo que no te jodía las pupilas. No demasiado, por lo menos.

Sin pensarlo un minuto más, las cuatro se lanzaron a comprar fichas y se pusieron a recorrer las máquinas, hasta encontrar la que les gustara. Y la encontraron.

Andrea, en aquellos instantes, estaba dedicada a la destrucción de zombis en una de las maquinitas, mientras sus amigas la miraban con cierta sorpresa.

— ¿Desde cuando eres tan buena con esas cosas, siendo tú tan torpe? —le preguntó Carla con los ojos muy abierto. Era impresionante que su amiga aniquilara zombis con esa arma de juguete, como si se tratara de un auténtico revólver.

—Desde que los imagino con la cara de Fernando —respondió ella con un tono de burla. Parecía estar de buen humor, porque su más oscuro secreto era ése: Era un As de los videojuegos.

Después de que Andrea batiera todos los récores de puntaje en ese juego, entre las cuatro decidieron probar suerte en el toro mecánico. Ese era, según Flor, el mejor juego del mundo, porque se necesitaba más resistencia que destreza con los dedos.

— ¿Las cuatro van a probar suerte? —preguntó el encargado de manejar el juego. Ellas asintieron a la vez. —Qué chicas valientes... no muchas se arriesgan con este nene, es de los bravos.

Le dio unas palmaditas orgullosas al teclado. Las cuatro reaccionaron de forma distinta: Carla enarcó las cejas; Andrea se puso pálida, ella seguía siendo torpe para cualquier cosa que no fueran videojuegos; Raina se cruzó de brazos y le dirigió una mirada incrédula; y Flor simplemente soltó una de sus risillas.

La primera en probar suerte fue Raina, que duró bastante bien en esa cosa -que en serio se movía de modo MUY brusco- hasta que resbaló para un costado y terminó el juego.

La segunda de las cuatro valientes, que ya que estamos, estaban rodeadas de chicos y chicas muy curiosos, fue Carla. Ella no lo hizo tan bien: Salió volando, para terminar cayendo encima de... ¿un chico?, no. Terminó aterrizando encima de otro de los juegos, que para su suerte era inflable, por lo que no se hizo daño. Aunque, para ser sinceros, todos los presentes estaban que se morían de risa.

Nuestra tercera y valerosa chica del día fue Flor. Ella, increíblemente, aguantó en el toro durante quince fatídicos minutos. Esa cosa se bamboleaba, se movía como poseída por el mismísimo demonio, y nada. La chica resistía más que el toro.

Y, por último y por ser la más miedosa, Andrea subió temblando como una hoja.

— ¡No te preocupes, Andrea, nosotras te atraparemos si sales volando! —gritó Raina, tratando inútilmente de "infundirle ánimos". La aludida tragó saliva, se agarró como pudo del juego y éste empezó a moverse.

Al principio todo parecía ir bien, hasta que la rubia le agarró confianza. Como ya iba resistiendo bastante, el operador decidió aumentar la brusquedad. Quiso la suerte que justo en ese instante Andrea soltara las riendas accidentalmente y saliera volando.

Su vuelo fue visto en cámara lenta por sus amigas que calcularon la trayectoria de la caída.

—Demonios... —maldijeron entre dientes.

Nuestra rubia heroína aterrizó... y sí, esta vez sí fue encima de un chico. Un pobre desdichado al que el peso de Andrea dejó K.O. Y un desdichado guapo, cabía mencionar.

—Oh, mierda... ¿están bien? —preguntó Flor, que fue la primera en llegar, al tiempo que ambos se sentaban en el suelo. En realidad, ella seguía sentada en las piernas del desconocido. El chico parecía estar entero, lo mismo que Andrea, sólo que esta última estaba muy ruborizada y balbuceaba excusas sin parar.

—Sí, yo estoy bien, pero creo que tu amiga no tanto —contestó él, esbozando media sonrisa. Tanto los amigos del chico, como las tres amigas de Andrea se habían acercado corriendo.

—Jode, no podemos dejarte solo un minuto porque al instante te llueven las chicas —comentó uno de sus amigos, sonriendo burlonamente. La única incapaz de decir palabras coherentes era Andrea, por lo visto.

—Creo que deberías calmarte un poco —le dijo el muchacho a la rubia. —Sólo fue un accidente, y ambos salimos enteros.

—Eh... ok —contestó ella, parándose de encima de él y uniéndose a sus amigas. —Un gusto conocerte, aunque no haya sido del mejor modo.

Él le sonrió.

¡Feliz día del comercio y la idiotez!

En vista de que ni por navidad ni por año nuevo reviví mi bello blog, voy a hacerlo en la fecha más caótica aquí en Lima: Día de San Valentín (AKA Día del comercio).

Ya de por sí, las calles de esta hermosa ciudad costera son una delicia en las horas punta, porque las aceras están llenas de gente y aquí hasta los animales manejan auto. Si no corres el peligro de que el tico del costado te choque, está la bestia con la 4x4 que se jura dueña de la pista. Es que aquí entras al auto con estrés y sales con escuatro, con escinco, con esocho…

Está comprobado: Quien maneja en Lima, lo hace tranquilamente en cualquier pista de carreras del universo, así como en toda ciudad del mundo. Porque nuestras pistas no sólo son estrechas. No. Vienen con carrerita de obstáculos incluida, pues están más agujereadas que queso suizo. Y cada día cierran una calle distinta para “repararla”, cosa que toma, al menos, medio siglo.

Ahora, este maravilloso mundo se vuelve más salvaje y peligroso en el día de San Valentín. ¿Por qué? Porque todos los bestias de la ciudad salen más rápido que volando para comprar flores, chocolates y demases idioteces. Es que, claro está, no se les puede ocurrir mejor gracia que olvidarse de la fecha hasta que reciben el mensajito de la ilusa novia que espera su regalito. Allí salen pitando, desesperados, y provocando que los vendedores se vuelvan millonarios.

Además de esto, todo centro comercial, heladería, cine, banquita del parque o restaurante está a reventar de chicos y chicas que desean pasarla bonito con el enamorado o las amigas.

¿Experiencia propia? Sí, obvio. El año pasado, mis amigos prácticamente me arrastraron fuera de mi casita linda para ir al cine. Nada más pisar las calles, ya se veían montones de parejitas besándose, tomadas de la mano o susurrándose cosas vomitivamente tiernas al oído. En algún otro momento hablaré de las ventajas de seguir soltera y sin compromisos, pero eso es para después.

Volviendo al tema, cuando llegamos al centro comercial, parecía imposible encontrar sitio para cualquier película previa al diecisiete de Marzo del 2050, así que nos dimos media vuelta y regresamos pa’ mi casa. Allí la pasamos mejor, aunque dos de mis amigas se dedicaron a enjuiciarme por haber dibujado a su personaje favorito de un manga (Haji de Blood+, para más señas) en bikini y tutú. Memorable ocasión, sobre todo porque la cara del personaje me salió clavada.

Yo digo, gente, que deberían prohibir menudo día de la estupidez colectiva. Todo lo que logras es quedarte más misio de lo que ya eres, sentirte gorda por comerte una caja entera de chocolates tú solita o sentirte miserable por no tener con quien pasar este día. Gracias a Dios yo no soy como el común de los mortales, y disfruto de mi soltería, que espero que me dure un buen tiempo más.

Aquí termina mi pequeño monólogo, señores. Espero haberles sacado una pequeña sonrisita.

domingo, 5 de octubre de 2008

Color de ojos.

Título: Ojos.

Autor: *Runa*.

Género: Comedia/Romance.

Aclaraciones: One-shot original. Los personajes son míos y de nadie más.



Andrea ya estaba oficialmente harta. ¡No estaba enamorada! ¡Y menos aún de Fernando!

-¡Que testaruda eres! –le recriminó Flor. Estaban reunidas las cuatro amigas que, según Andrea, eran las cuatro mosqueteras.

-No soy testaruda –se defendió Andrea-. Sólo soy…

-¿Terca? –la interrumpió Raina, sonriendo.

-¿Obstinada? –inquirió Carla con sorna.

-¿Cabeza dura? –agregó Flor, aguantándose la risa.

-Sólo soy persistente –repuso la muchacha, testaruda como ella sola.

Sus amigas alzaron los ojos al cielo. Hacía un buen tiempo que Andrea estaba enamorada de Fernando, pero su obstinado cerebro se rehusaba a admitirlo.

-Hay una manera muy simple de saber si él está tan enamorado de ti como tú de él –afirmó Carla. Andrea puso atención casi al instante.

-¿Ah, sí? ¿Cómo? –preguntó la joven, traicionándose.

-¡Ja! ¡Lo sabía!-. Flor había saltado de su asiento y ahora apuntaba a la rubia con el dedo-. ¡Admitiste estar enamorada de él!

-¿Q-qué? ¡No!-. La cara de Andrea enrojeció notoriamente.

-No lo negaste –dijo Raina, sonriendo con picardía. Andrea abrió la boca para protestar, pero la cerró casi al instante. Ella sola se había echado de cabeza, no podía quejarse esta vez.

-Sólo di que piensas hacer –pidió la chica, enfurruñada en su asiento.

-Ya lo verás, pequeña saltamontes –le dijo Carla, poniendo énfasis en las dos últimas palabras. Andrea le lanzó una almohada.

Un Rato más tarde, Fernando tocaba el timbre de la casa de Flor. Estaba levemente extrañado, pues no se esperaba que lo llamaran tan de improviso. Carla y Raina le abrieron la puerta, y lo guiaron a la sala de estar. En ella estaban sentadas Flor y Andrea, esta última con los ojos vendados.

-Fernando, necesito vendarte los ojos –le explicó Carla, mirándolo fijamente a los ojos. El chico la observó receloso.

-¿Para qué?

-Sólo hazlo –indicó Flor.

-Ehm… ok –aceptó Fernando, cuyo instinto decía que tenía que salir huyendo. Las tres amigas de Andrea sonrieron y Raina se dispuso a taparle los ojos al chico.

Después de tener a ambos con los ojos vendados, Carla empezó a hablar.

-Fernando, ¿de qué color son los ojos de Andrea?

-Eh… no estoy seguro, creo que son grisáceos. No sé bien.

-Andrea, ¿de qué color son los ojos de Fernando?

-Tampoco estoy segura. Sólo sé que son oscuros.

Las otras tres jóvenes se miraron sonrientes y Carla les quitó las vendas. Andrea y Fernando se miraron, comprobando el color de ojos del otro y, al preguntar el chico por qué se hizo tanto teatro, Carla se limitó a responder:

-Cuando te enamoras de alguien, olvidas el color de sus ojos-. Andrea y Fernando se quedaron mudos y enrojecieron.

Euforia.

Título: Euforia.

Autor: *Runa*.

Género: Comedia.

Aclaraciones: One-shot original. Todos los personajes y la trama son de mi completa autoría.



Saltaba encima de su cama, entonando la canción a voz en cuello. Los estruendosos versos de “Best Friend” retumbaban por la casa casi vacía.

Andrea no cabía en sí de alegría. ¡Fernando y esa chica habían terminado! Claro, después de tres meses "nada" muerta de celos, esta noticia era la mejor del mundo. Pero en esta ocasión, la joven se había guardado muy bien su opinión.

A sus dieciséis años, Andrea seguía siendo una niña. Esa tremenda euforia, a causa del sufrimiento de su amigo, era una actitud infantil y ella lo sabía. Pero, ¿no tenía derecho, después de meses verde de celos, para alegrarse con semejante noticia? ¿No podía ser infantil, aunque sea en su habitación?

El sonido incesante del celular era ahogado por la voz desafinada de Andrea y el volumen de la radio, por lo que la chica no se dio cuenta de las tres llamadas perdidas hasta que…

-¡Andrea! ¡Ábreme la puerta!

… la voz de Fernando se hizo oír por encima del bullicio. Andrea se quedó quieta, muda y bastante ruborizada.

-¡Sé que estás ahí!-. La voz del chico sonaba molesta. Mala señal.

-¡Fer! –gritó Andrea asomándose por la ventana de su cuarto, en la planta alta. -¡¿Qué pasa?!

-¡¿Me puedes abrir la puerta?! –exclamó Fernando. La chica hizo un gesto afirmativo con la cabeza y cerró la ventana.

Ella bajó las escaleras a la volada, pero se detuvo frente al espejo del recibidor. Su cabello rubio estaba completamente despeinado y los ojos grises más brillantes que nunca. La cara estaba totalmente roja, dando a entender lo acalorada que estaba.

-Hola Fer –saludó la joven al abrir la puerta. Fernando hizo una mueca burlona al ver el aspecto de su amiga.

-¿Por qué no contestabas el celular? Me preocupé –la regañó el chico. Ella se sonrojó aún más.

-Es que… -. El cerebro de la rubia trabajaba a mil por hora, y aún así no encontraba excusas.-Es que… no lo oí.

Mala excusa, terriblemente mala, pero Fernando se la creyó.

-Mmm… ok. ¿Te molestaría si hablamos de Clarisse?

-¿De tu ex novia? ¿Por qué?

-Porque necesito desahogarme con alguien-. Andrea suspiró y con su mejor sonrisa se dispuso a escuchar a su amigo, claro está, escondiendo su euforia.

jueves, 11 de septiembre de 2008

¿Celos?

Título: Celos.

Autor: *Runa*.

Género: Comedia/Romance.

Aclaraciones: One-shot original. Todos los personajes y la trama son de mi completa autoría.

No, no eran celos, de eso estaba segura. No eran celos y por eso paseaba casualmente por donde Fernando y esa chica paseaban. No estaba celosa, claro que no.

La cita entre ellos dos había sido un puto desastre, gracias a la intervención del trío de amigas de Andrea. Pero por suerte, la gran amistad que los unía seguía intacta. Y a final de cuentas, ambos se habían reído de esa locura de "estamos enamorados el uno del otro".

Andrea se ocultó detrás de un arbusto en aquél bonito parque. Ellos se dirigían directo hacían donde, se supone, ella no estaba.

"Oh sí, no estoy nada celosa" pensó la rubia con fastidio, mientras veía como esa chica se colgaba del brazo de Fernando. "Zorra..."

Los ojos grises siguieron a la parejita. Desde que ellos dos habían empezado a salir, ella estaba de un humor de miedo. Y, como era de esperarse, sus amigas se habían dado cuenta.

"-Son celos -había afirmado Flor con tal seguridad que Andrea no había respondido inmediatamente.

-¿Celosa? ¿Yo? Sí, como no -había respondido la joven con todo el sarcasmo que su voz pudo componer.

-Serás terca -se quejaba Raina alzando los ojos al cielo-. Tú, yo y el mundo entero nota que desde que Fernando sale con la chica esa, estás que muerdes al primer infeliz que se te cruce.

-Estás celosa -había corroborado Carla con una sonrisa divertida-, muy celosa si quieres mi opinión.

-Yo no estoy celosa -negaba Andrea con terquedad-. Sólo estoy... Sólo estoy...

-Celosa -completó Raina con seguridad. Andrea había soltado un suspiro y siguió protestando, pero nadie podía negar una cosa: Si ella era terca, sus amigas lo eran más."

Andrea frunció el ceño al recordar la conversación. Y soltó un suspiro ahogado por la incesante conversación entre Fernando y la chica.

"Se están moviendo" pensó ella y empezó a seguirlos, siempre detrás de los arbustos. Esos dos caminaban mucho, siempre con la rubia siguiéndolos. Pero había alguien que había notado la presencia de la chiquilla.

-Amorcito -llamó la chica, mirando con adoración a Fernando-. ¿Por qué nos está siguiendo una rubia?

"¡¿Amorcito?!" gritó mentalmente Andrea con furia.

-¿Una rubia? -preguntó Fernando extrañado. "Andrea no sería capaz de... ¿o sí?".

-Sí, vi a una chica rubia siguiendo -afirmó la novia de Fernando, señalando los arbustos en los que, casualmente, Andrea estaba "paseando".

-Quédate aquí, iré a ver -le pidió el muchacho. Su cara traía una mueca en la que la risa pugnaba por salir, pero no podía reírse, o Andrea se daría cuenta de que se acercaba.

Pero Andrea, al haber oído todo, logró poner pies en polvorosa antes de que Fernando llegue a su escondite.

-¡Clarisse, aquí no hay nada! -exclamó el joven, haciendo una leve mueca de decepción. De haber sido su amiga, se habría desarrollado una escena extremadamente divertida.
Regresó junto a Clarisse, algo menos animado y reanudaron su paseo.

Andrea, trepada en la copa de un árbol, los siguió observando. Ella no estaba celosa, no señor, sólo estaba preocupada por lo que esa chica le intentará hacer a su amigo. Era obvio que no estaba celosa. Claro, por eso los seguía a través de un parque completo, andando a gatas y generando bilis cada vez que esa llamaba "amorcito" a Fernando.

Y se siguió tratando de convencer a sí misma de que no lo estaba, porque todo el resto, incluso Fernando ya habían constatado lo evidente: Andrea se moría de celos. Y quizá era hora de que lo fuera aceptando.

jueves, 4 de septiembre de 2008

Héroe.

Título: Héroe.

Autor: *Runa*.

Género: General.

Aclaraciones: One-shot original. Todos los personajes y la trama son de mi absoluta propiedad. Basado en la canción "Hero" de Nickelback. Tengo una obsesión por ese grupo.

Estaba solo, tan solo como puede estar un hombre. Caminaba por las calles de la ciudad pateando una lata vacía que se interponía en mi camino. Mis ojos reflejaban el cielo ya oscuro y salpicado de estrellas. La luna brillaba de manera impresionante, casi sentía que la podía tocar.Y todo estaba tan calmado.

Un grito destrozó la quietud de la noche, dos disparos rasgaron el aire.

Miré a mi alrededor, asustado, pálido, intranquilo. El grito provenía de un lugar cercano. Y una voz en mi cabeza me dijo que un héroe podría salvar al dueño de esa voz.

Yo no le hice caso y seguí caminando. Hasta esos momentos jamás había deseado ser un héroe y tampoco ahora muestro entusiasmo por serlo. Apreté el paso. Mi respiración era entrecortada y la voz seguía resonando en mi cabeza.

Pasé una mano por mis cabellos desgreñados y cerré los ojos. Ese fue un grave error.

No los vi venir, ni a la mujer ensangrentada que huía dando traspiés, ni al hombre alto que traía la pistola en la mano.

Choqué violentamente con la mujer, que al parecer, tenía una herida de bala en el costado derecho. Yo estaba anonadado, sin poder hablar o moverme.

El hombre sonrió, ahora tenía dos víctimas. ¿Qué era lo que quería? ¿Por qué nos miraba así? No lo sabía, hasta que noté el brillo de maldad en sus ojos fríos y como levantaba la pistola, que apuntaba directamente a la cabeza de la mujer. Y disparó.

Nunca supe por qué actúe así, mis reflejos no eran tan rápidos. Sentí un tremendo dolor en el hombro izquierdo. Había salvado a la mujer.

Él disparó de nuevo. Y yo volví a escudarla con mi cuerpo. Más dolor y tres disparos más. Después todo se volvió negro.

No hubo más dolor, no sentí más disparos ni la respiración entrecortada de la mujer. ¿Había muerto? ¿Estaba realmente muerto o quizá sólo me lo imaginaba?

Desperté por la luminosidad del cielo, casi dorada. Miré mis brazos buscando rastros de sangre, en vano. Estaba completamente limpio, no sentía el horrendo dolor de las balas, y experimentaba una paz extraña. ¿Qué era ese lugar?

Alcé la vista en busca de la mujer o del asesino, sin éxito. Sólo estábamos ese cielo tan luminoso y yo. Pero también estaba esa voz insistente en mi cabeza, que repetía:"Eres un héroe, a pesar de nunca haberlo planeado, casi accidentalmente eres un héroe."

viernes, 29 de agosto de 2008

Confusión.

Título: Confusión.

Autor: *Runa*

Género: Humor/Romance.

Aclaraciones: One-shot original.

Ella caminaba por la acerca, con las manos en los bolsillos de la chamarra y cara de cometer homicidio. Nadie en su sano juicio se atrevería a hablarle, pues despedía un aura de enojo que aterraría al más valiente. No serían más de las siete y media de la mañana, pero la muchacha disfrutaba levantarse temprano para despejar la mente. Y eso era justamente lo que necesitaba.

No estaba enamorada. Sus amigas podían decir misa si querían pero ella no estaba enamorada de Fernando. No, no y más no.

Ellos eran amigos. ¿Qué tanto costaba entenderlo? Pero claro, con amigas como ellas...

-Te enamoraste, acéptalo Andrea -le insistía Carla con una sonrisa divertida pintada en el rostro. Raina y Flor también sonreían.

-¡Ya les dije que solo somos amigos! -exclamó ella, con la cara totalmente colorada- Además, yo no me enamoraría de Fernando, ¡es horrible!

-¿Horrible? -preguntó Raina con falsa ingenuidad-, ¡que va! Si es una belleza de persona...

-Con una cara algo fea -completó Flor con sonrisa divertida-, y tú eres, posiblemente, la adolescente con peor gusto en la historia del mundo.

Andrea gruñó al recordarlo. Era imposible hacerlas cambiar de opinión, Fernando y ella eran una "parejita". Ella rodó los ojos y gruñó un poco más. No era justo. ¿Por qué con él? ¿Por qué malinterpretar una linda amistad con algo más? ¿Acababa de decir "linda"? Dios, eso del am... ejem, amistad la empezaba a afectar. Y lo que era peor, ¿era únicamente amistad lo que había entre ellos o en serio parecía algo más?

-Hey, Andre, ¿qué tal? -la saludó Fernando, interrumpiendo sus pensamientos. Ella detuvo su caminata y volteó a ver. Él la saludaba animadamente, con un brillo alegre en los ojos oscuros - algo realmente raro en el chico - y el espeso cabello oscuro desgreñado.

-Hola Fernando -contestó ella, tratando de no sonrojarse. ¡Diablos! ¿Qué demonios hacía él en el parque tan temprano? Y justamente cuando estaba de tan mal humor.

-¿Pasa algo? -inquirió Fernando escrutando suspicazmente el rostro de su linda amiga. Porque sí, Andrea era linda. Solo tenía un defecto físico, según ella: Era gorda.
En realidad, ella no era gorda, solo gruesa, ¿pero qué más daba en ese momento?

-No, nada -tartamudeó ella apresuradamente. Se disponía a reanudar su apresurada marcha, pero Fernando la conocía demasiado como para saber que algo andaba mal.

-¡Eh! - Fernando la había agarrado por un brazo, y al ser mucho más alto y fuerte que ella, no le fue difícil retenerla-. ¿Puedo saber qué pasa?

-Que nada -le dijo ella con brusquedad. Él la soltó con mucha sorpresa. Sorpresa que aumentó al salir Andrea corriendo del lugar.

¡Qué idiota era! Se reprochaba mentalemente la muchacha. Haberse comportado como una completa imbécil con su amigo. Pero es que, ¡la confundían tanto! ¿Sería que de tanto repetirle que estaba enamorada de Fernando, hasta ella se lo había creído? No, no, no y mil veces no. Ella no se enamoraría de ese chico. Eso estaba mentalizado desde que empezaron a hacerse amigos.

Su celular sonó. Era él. ¡Era tan terco! Pero le encantaba que lo fuera... ¡Por Dios Andrea, ¿te das cuenta de lo qué dices?!

Un mensaje de texto, que ella no leyó. Otro más. Después otras tres llamadas y un último mensaje.

Andrea decidió que al menos el último lo leería. Y así lo hizo:

"Andre, sé que tal vez estés molesta por algo. Te conozco, y sé que no sueles actuar así.
¿Qué pasa contigo? Bien, yo... al momento de verte, había querido preguntarte algo.
Pero... quizá me mandes al carajo. Bueno, lo que te quería preguntar es... si tú, ehm...
si tú querrías salir conmigo. En una cita.
Eso es todo. Esperaré a que me respondas, te quiero.
Un beso, Fernando."

Su cara adquirió un tono rojizo y sus ojos grises brillaron. Si antes estaba confundida, ahora lo estaba más. Pero la adolescencia trataba de eso, ¿verdad? De caerse y volver a intentarlo. De arriesgarse a todo y aprender por las malas. Ya lo había decidido. Se encaminó hacía la casa de Fernando, con su decición tomada.